Giordano
Filippo Bruno (1548-1600)
Apolonio
Juárez Núñez
Laboratorio
de Ciencias Aplicadas, UAP
En
el mes de febrero de 2001, se cumplieron 401 años de la muerte de
Giordano Filippo Bruno.
Giordano
Bruno nació en Italia en 1548. Fue filósofo, astrónomo y matemático.
Sus teorías, hace más de 400 años, anticiparon a la ciencia
moderna.
Giordano
Bruno sostuvo la teoría de un Universo infinito con multiplicidad
de mundos y rechazó categóricamente el universo estático, geocéntrico,
Heliocéntrico y antropocéntrico.
En
1572, Bruno se ordenó sacerdote y en 1576, poniendo en duda muchas
de las enseñanzas del cristianismo y siendo, por lo tanto,
sospechoso de herejía, abandonó su orden religiosa, por lo que
tuvo que huir al norte de Italia, escapando tanto de la Inquisición
napolitana como del Santo Oficio de Roma.
Con
su inquebrantable determinación, sus creativas opiniones y
controvertidos libros, Bruno retó a las férreas y atrincheradas
creencias de la fe católica romana, a los prejuicios de los físicos
y astrónomos de su época, así como a la implacable autoridad
conferida al punto de vista aristotélico.
Tras
años de peregrinar por Europa, Bruno volvió a Italia con la idea
optimista de convencer al nuevo papa, Clemente VIII, de sus
controvertidas ideas. Sin embargo como consecuencia de una trampa,
Bruno fue juzgado y condenado.
Los
escritos críticos de Bruno, denunciando la hipocresía y fanatismo
dentro de la Iglesia, junto con su tempestuosa personalidad, le
convirtieron en una víctima de la intolerancia religiosa y filosófica
del siglo XVII.
Bruno
fue excomulgado por las iglesias Católica, Luterana y Calvinista
por sus heréticas creencias. La
jerarquía católica lo consideró culpable de infidelidad y de
graves crímenes de herejía. A
pesar de esto, Bruno rechazó retractarse de sus opiniones, por lo
que fue entregado al estado italiano, quién determinó su fatal
destino.
El
filósofo fue condenado a prisión en las mazamorras de la Santa
Inquisición durante siete años, en donde fue, interrogado
frecuentemente y torturado. Tras soportar
este entierro en vida, fue sentenciado a muerte por
influencia del cardenal Jesuita Roberto Bellarmino.
Obstinado hasta el final, Bruno nunca se retractó de su herética
posición.
En
Roma, el 17 de Febrero de 1600, a los 52 años de edad, el rebelde
fue atado a una estaca, amordazado y quemado vivo en público cerca
del Vaticano, mientras los sacerdotes cantaban sus letanías.
Sus cenizas fueron echadas al viento y se mezclaron con la
Tierra que había sustentado su vida y pensamiento.
Para
finalizar, a pesar de estas experiencias históricas, la
intolerancia es un problema que sigue agobiando a las sociedades.
Hoy, en pleno tercer milenio, la intolerancia sigue haciéndose
presente hasta en nuestro entorno inmediato.
Giordano
Filippo Bruno nació en Nola Italia en 1548.
Estudió filosofía y literatura en Nápoles y, más tarde,
teología en el Monasterio de San Domenico Maggione. Giordano Bruno
disponía de una tenaz memoria y de una extraordinaria inteligencia.
Fue filósofo, astrónomo y matemático. Sus teorías, hace 400 años,
anticiparon a la ciencia moderna.
Giordano
Bruno sostuvo la teoría de un Universo infinito con multiplicidad
de mundos y rechazó categóricamente el universo estático, geocéntrico,
Heliocéntrico y antropocéntrico.
En
1572, a los 24 años, Bruno se ordenó sacerdote y ya en 1576,
poniendo en duda muchas de las enseñanzas del cristianismo y
siendo, por lo tanto, sospechoso de herejía, abandonó la orden
religiosa de los Dominicos, por lo que tuvo que huir al norte de
Italia, territorio con un carácter más seglar, escapando tanto de
la Inquisición napolitana como del Santo Oficio de Roma.
Temiendo
por su seguridad y en busca de libertad de expresión, Bruno deambuló
como una figura solitaria por Suiza, Francia, Inglaterra,
Alemania y Checoslovaquia. Estos
años los dedicó al estudio, a la reflexión, a la especulación,
así como a escribir e impartir conferencias.
Con
su inquebrantable determinación, sus creativas opiniones y
controvertidos libros, Bruno retó a las férreas y atrincheradas
creencias de la fe católica romana, a los prejuicios de los físicos
y astrónomos contemporáneos, así como a la implacable autoridad
conferida al punto de vista aristotélico.
Desgraciadamente,
Bruno, como ingenioso librepensador, tenía una personalidad que
molestaba tanto a las gentes del pueblo como a los intelectuales,
hasta tal punto que nunca pudo disfrutar de un hogar duradero
durante su vida, aunque él sin duda se vio siempre a sí mismo como
un ciudadano del Universo entero.
Durante
su estancia de dos años en Londres (1583-1585), Bruno, fue profesor
en la Universidad de Oxford y escribió, así como publicó, seis diálogos
en italiano titulados sobre
la causa, principio y uno, Sobre el infinito Universo y los mundos,
Sobre la cena del Miércoles de Ceniza, La cábala del caballo
Pegaso, La expulsión de la bestia triunfante y Delirios heroicos. Estos volúmenes contienen los elementos esenciales de su valiente
cosmología, de su nueva epistemología, así como de sus opiniones
sobre ética, religión y teología.
Había
rechazado rigurosamente los modelos cosmológicos geostáticos, geocéntricos
y antropocéntricos, con esferas finitas, basados en los escritos
aristotélicos de la antigüedad que todavía apoyaba la Iglesia Católica
Romana.
Bruno también escribió poemas en los que ridiculizó, con una sátira
amarga y con un sarcasmo cáustico, tanto las creencias
supersticiosas como el dogmatismo de su tiempo.
En 1591 fueron publicados sus últimos libros y poemas en latín
en la ciudad de Francfort (Alemania), que incluían Sobre
las mónadas, Acerca de lo inmenso y Sobre el triple mínimo.
Tras
muchos años de estancia en Europa y con un temerario abandono de sí
mismo, el valeroso Bruno volvió a Italia con la idea optimista de
convencer al nuevo papa, Clemente VIII, de algunas de sus
controvertidas ideas.
Como
consecuencia de una trampa urdida por el joven noble Giovanni
Mocenigo, el monje sin sotana fue juzgado y condenado (primero por
la Santa Inquisición de Venecia, en 1592 y, después, en 1593, por
la Santa Inquisición romana).
Los
escritos críticos de Bruno, denunciando la hipocresía y fanatismo
dentro de la Iglesia, junto con su tempestuosa personalidad y su
indisciplinado comportamiento, le convirtieron en una víctima de la
intolerancia religiosa y filosófica del siglo XVI.
Bruno
fue excomulgado por las iglesias Católica, Luterana y Calvinista
por sus heréticas creencias. La
jerarquía católica lo consideró culpable de infidelidad y múltiples
errores, así como de graves crímenes de herejía.
Sin embargo, el tozudo Bruno rechazó retractarse de sus
opiniones, por lo que fue entregado al estado italiano, el cual
determinó su fatal destino.
El
filósofo fue condenado a prisión en las mazmorras de la Santa
Inquisición durante siete años, en donde le fueron negados incluso
lápiz y papel, así como libros y visitas, y donde fue, también,
interrogado frecuentemente y, probablemente, torturado.
Tras soportar este entierro en vida, fue sentenciado a muerte
por influencia del cardenal Jesuita Roberto Bellarmino.
Obstinado hasta el final, Bruno nunca se retractó de su herética
posición.
En
Roma, el 17 de Febrero de 1600, a los 52 años de edad, el rebelde
Bruno fue atado a una estaca, amordazado y quemado vivo en público,
en el centro del Campo Dei Fiori, no lejos del Vaticano, mientras
los sacerdotes cantaban sus letanías.
Sus cenizas fueron echadas al viento y se mezclaron con la
verdadera Tierra que había sustentado su vida y pensamiento.
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