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El movimiento de traslación terrestre

Apolonio Juárez Núñez

Laboratorio de Ciencias Aplicadas, UAP

 

Pedro Ochoa Sánchez

Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología

 

 

 

Aparte de la rotación, otro movimiento de la Tierra, es el movimiento de traslación alrededor del Sol,  que se lleva a cabo en una trayectoria elíptica (ovalada). Debido a este movimiento, recorremos una distancia de 30 kilómetros en cada segundo (108,000 kilómetros en cada hora). Como podemos darnos cuenta es una rapidez tremendamente grande.

 

Para darnos una idea de la magnitud de esta velocidad, coparemos los siguientes casos:

·        Un objeto moviéndose con una velocidad tal que recorra 11 km en cada segundo (esto equivaldría a recorrer una distancia de  39,000 km en una hora). Este objeto daría una vuelta al planeta entero en aproximadamente un poco más de una hora.

·        Un satélite moviéndose a una velocidad tal que recorra 8 km en cada segundo (es decir que recorra 28,000 km en cada hora). El satélite, a una altura de 800 km,  da  una vuelta completa a la Tierra en aproximadamente  dos horas.

·        Un avión de guerra que supera tres veces la velocidad del sonido. En este caso el avión recorre 1 km en cada segundo:;  esto el avión rue alcanzan hasta cinco  veces la velocidad del sonido. Estos aviones se mueven alrededor de un kilómetro y medio por segundo; o sea que  se mueven aproximadamente a 5400 km/h. Por supuesto, los

·        Un autobús  de pasajeros se desplaza a velocidades máximas de  95 km/h.

Como podemos darnos cuenta, la magnitud de la velocidad de traslación de la Tierra es 1136 veces mayor  que la magnitud de la velocidad de un autobús de pasajeros.

De los ejemplos mencionados anteriormente, podemos darnos cuenta de la magnitud de la velocidad de traslación terrestre.

 

Pero entonces, ¿por qué no percibimos tan enorme velocidad?

 

Sí esto es así, entonces ¿por qué no percibimos tan enorme velocidad?

 

Entre otras razones, las distancias que recorre, la Tierra alrededor del Sol son muy grandes; por tal motivo  los objetos que están sobre la superficie terrestre casi no sienten el efecto de aceleración debido al cambio de dirección en la velocidad. Tampoco se siente efecto alguno debido al cambio en la magnitud de velocidad cuando la Tierra pasa más cerca  de Sol y esto es debido a que el cambio en la velocidad es pequeño y muy lento.

 

Lo anterior lo podemos comprobar fácilmente  en un autobús.  Sí el autobús viaja con velocidad constante; esto es, si  viaja por carretera plana, recta y  con rapidez constante, entonces los pasajeros sentirán como si estuvieran en reposo. O sea  que el movimiento con velocidad constante y el reposo son  equivalentes.

Ahora bien,  supongamos que nos movemos por una carretera ligeramente curva. Como la carretera se aparta sólo un poco de una línea recta el chofer no tiene que frenar y los pasajeros probablemente no se den cuenta de que están moviéndose en una carretera curva.

Los pasajeros tampoco se darán cuenta de que el autobús esta frenando o aumentando la velocidad, sí la aceleración es pequeña; es decir, sí el chofer disminuye o aumenta lentamente la magnitud de la velocidad del autobús.

Por el contrario, cuando el autobús se mueve rápidamente y pasa por una curva pronunciada, entonces el chofer tendrá que frenar y dar una giro rápido al autobús. En este caso el efecto será evidente para todos los pasajeros.

De esta forma, el movernos con velocidad constante o estar en reposo es equivalente. La diferencia se presenta cuando existe un cambio en la velocidad.

 

todos los pasajeros experimentarán una aceleración muy grande en magnitud por el frenado y en dirección por el giro rápido.

 

Las estaciones del año se deben también a  este movimiento de  traslación, pero no porque la Tierra se encuentre más cerca o más lejos del Sol, sino que se debe a la inclinación del eje terrestre.

 

Esta inclinación es respecto a una línea vertical al  plano en el que la tierra se mueve y es de 23.5°. Como el movimiento de precesión del eje terrestre, durante un año es muy lento, la dirección con respecto a las estrellas,  hacia la que apunta el eje terrestre casi no cambia.

Debido a esta inclinación del eje terrestre y a la forma esferoidal de la Tierra, los rayos solares no inciden de igual manera en todos los lugares sobre su superficie y esto es lo que determina la estación del año y el tipo de clima que tendrá un lugar determinado sobre la Tierra.

 

Por lo que, durante los días de primavera, en el hemisferio norte, los rayos del sol incidirán cada vez menos inclinados, dando lugar a la época más calurosa del año. Mientras esto ocurre en el hemisferio norte, en el hemisferio sur se inicia el otoño. Para el 22 de junio, el hemisferio norte se encuentra en la plenitud de la temporada de calor, mientras en el hemisferio sur viven están el invierno. Cuando nosotros entramos al  otoño, ellos inician la primavera y cuando finalmente,  nuestro hemisferio entra al invierno, los países del hemisferio sur disfrutan los días calurosos del verano.

 

Por la  esfericidad de la Tierra, los rayos solares no inciden de igual manera en todos los lugares sobre la superficie terrestre y gracias a esto, hay una distribución de zonas climáticas a partir del ecuador hacia los polos. Pero sobre esto, hablaremos la próxima ocasión.